F orientacióncondesa: AMORES TÓXICOS

domingo, 10 de febrero de 2013

AMORES TÓXICOS


Cada vez es más habitual encontrar padres que educan a sus hijos con un estilo educativo sobreprotector.

Se trata de un fenómeno muy frecuente entre las familias del siglo XXI.

Según el país de origen es conocido de distintas maneras: padres helicóptero,  overparenting,  curling parenthood … pero la idea que subyace bajo todas estas denominaciones es la misma, independientemente de como se le llame.

Como padres es natural proteger a nuestros hijos, disgustarnos cuando las cosas no les van bien o temer por su integridad.

Pero, ¿hasta dónde es conveniente?, ¿hasta dónde es parte de nuestra labor o comienza a convertirse en una preocupación excesiva?. ¿Dónde está el límite entre proteger y sobreproteger?.


Un criterio que podría servirnos como  referencia sería preguntarnos si la protección que ejercemos como padres impide a nuestros hijos crecer como personas; si se convierte en un freno que dificulta el desarrollo de su autonomía física y moral; si es factible que haga por sí mismo  aquello a lo que le estamos ayudando; si la ayuda es algo puntual o es algo sistemático.

Además el estilo parental sobreprotector suele ir acompañado de falta de límites y responsabilidades, de un alto grado de angustia, de un fuerte deseo de gustar a  nuestro hijo antes que nada o de una alta exigencia  sobre nuestro papel.

Paradójicamente la sobreprotección, que se justifica como un ejercicio de amor hacia nuestros hijos, causa unos daños importantes en el desarrollo de su personalidad.

Acaba convirtiéndose en un amor tóxico que transforma a nuestros hijos en personas inseguras, exigentes,  faltas de autonomía y de iniciativa; con una baja tolerancia a la frustración; con nula capacidad de esfuerzo; con dificultad para reconocer los propios errores, pero con una gran capacidad para responsabilizar a los demás de ellos; con una sensación de insatisfacción permanente, pues tienen la percepción de que se merecen todo a cambio de nada; con baja capacidad de liderazgo.

Fuente ilustración: página de Roberto de Vries


En general, sobreprotegemos a nuestros hijos cuando:
  • Intentamos resolver todos sus problemas para que no sufran.

  • Pretendemos quitar de medio todos los obstáculos que puedan surgir en su camino, incluso antes de que aparezcan.

  • Justificamos siempre sus conductas y vemos el problema en los demás.

  • No dejamos que se enfrenten a las consecuencias naturales de sus actos.

  • Evitamos que asuman pequeñas responsabilidades y les exigimos menos de lo que correspondería por su edad.

  • Es habitual  que terminemos nosotros  las  tareas que les corresponden a ellos.

  • Impedimos que se equivoquen, por miedo a que sufran.

  • Contestamos por ellos.

  • Nos dejamos llevar por nuestros miedos, utilizándolos para que no se aparten de nuestro lado.

  • No les enseñamos a enfrentarse a las contrariedades o a  situaciones desagradables  y lo hacemos nosotros en su lugar.

  • Les damos absolutamente todo lo que piden, para que no se frustren.

  • Nos da miedo ejercer autoridad, porque queremos que nos quieran y que nos vean como los mejores padres.

Qué debemos hacer entonces?

  • PROTEGER a nuestros hijos, no sobreprotegerlos.

  • Ser afectuosos y comunicativos.

  • Mostrar confianza en sus posibilidades y darles seguridad.

  • Permitir que se equivoquen,  que experimenten la frustración, y, al mismo tiempo,  estar ahí para escucharles y ayudarles.

  • Ofrecerle nuestra ayuda cuando la soliciten, dirigiéndola a que aprendan a utilizar sus propios recursos.

  • Valorar sus logros y animarlos a que lo intenten de nuevo cuando no sean capaces.

  • Dejar que asuman responsabilidades en relación con su edad.

  • Permitir que hagan las cosas por sí solos, aunque los resultados no sean perfectos o les exijan más tiempo.

  • Favorecer sus relaciones sociales y no interferir en ellas, animándolos a que resuelvan autónomamente conflictos sencillos.

  • Evitar fomentar en ellos el sentimiento de indefensión y dependencia.

  • Procurar no complacerles siempre.


  • No temer en hacer cumplir unas normas coherentes y consistentes.




Educar a nuestros hijos en la autonomía, es lo mejor que podemos hacer por ellos para conseguir  que sean felices, para prepararlos para la vida, para que se conviertan en personas adultas  libres y  capaces de manejarse por sí solas.

Fuente Dejarles fracasar del blog Todo para la familia

Fuente tipográfica: Open Dyslexic

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