F orientacióncondesa: PIRULETAS DE PEDAGOXÍA: EL ECO DE LA MONTAÑA

domingo, 15 de marzo de 2015

PIRULETAS DE PEDAGOXÍA: EL ECO DE LA MONTAÑA


"Me preocupa mucho el desarrollo profesional de los profesores y de las profesoras. El comienzo, el desarrollo y la jubilación pueden ser motivo de alegría o de desesperación. Algunos disfrutan hasta la saciedad y otros sufren lo indecible. Es curioso y, a la vez, inquietante. Hay mucha diferencia entre vivir feliz y vivir amargado. La diferencia esencial.
La montaña es como la escuela. Ella devuelve a los profesores lo que los profesores le dan. A quien dice cada día cada día amargura le devuelve su amargura. A quien dice cada día felicidad le devuelve repetidamente felicidad.
¿De qué depende? Porque llama la atención que con las mismas o parecidas condiciones, el mismo Ministro, el mismo Consejero, el mismo Inspector, el mismo Director, los mismos compañeros y parecidos alumnos, haya un profesor feliz que hace felices a quienes mira y otro desgraciado que contagia tristeza a quienes le conocen.
Hay quien comienza por motivos pedagógicamente pobres y quien empieza por motivos ¡pedagógicamente ricos.  Ese hecho condiciona el ejercicio profesional. Quien se hace docente solo porque es un modo de ganar dinero para sobrevivir, es difícil que pueda disfrutar con lo que hace. Quien decide ser profesor porque con su trabajo puede ganar la vida de los demás, es probable que  se sienta feliz con lo que hace. Claro que se puede empezar por motivos miserables y luego enriquecerlos y, a la inversa, se puede comenzar por motivos nobles y acabar degradándolos.
Y luego viene el ejercicio profesional, que puede tener dificultades, contratiempos y fracasos. Pero la actitud con la que se afronta es fundamental para la vivencia feliz o desgraciada. No es igual ir al lugar de trabajo como quien va a una fiesta que ir como aquel condenado a muerte iba un lunes camino del patíbulo diciendo: mal empiezo la semana.
Cuando llega la jubilación, unos se lamentan de que haya pasado el tiempo tan rápido y otros maldicen el interminable camino que han tenido que recorrer. Unos querrían seguir y otros piden a gritos la jubilación anticipada.
Ejemplificaré esta doble actitud con un cuento de Cristina Gutiérrez Lestón que he leído en su libro “Entrénalo para la vida”.  Ella dice que los cuentos se explican para que los niños se duerman y para que los adultos despierten. El cuento dice así, de forma resumida.
Una madre salió de excursión con su hija Emma (diez años) y con su hijo Pablo (doce). Fueron a Santa Fe de Montseny. Emma iba muy contenta. Las actividades familiares le encantaban y más aun en la naturaleza, donde podía dejar volar su imaginación y convertirse en una exploradora intrépida. Pablo, en cambio, estaba enfadado. Este era un estado cada vez más habitual en él. La mamá y la hermana oyeron sus quejas durante todo el trayecto en coche.
Empezaron a caminar por aquel paisaje con los árboles rebosantes de hojas verdes y todo lleno de flores. Llegaron a un lago que estaba rodeado por unas montañas imponentes. Pablo vio un movimiento extraño en el agua  y se acercó a mirar pero el agua estaba tan oscura que no pudo ver nada. En aquel instante buscó a su madre y la vio muy lejos, a punto de desparecer por un recodo del camino. Emma a su lado. Giró y empezó a correr hacia ellas, enfadado porque no le esperaban. Estaba tan ofuscado que no vio una piedra que le hizo caer y darse un buen trompazo. Gritó enfurecido:
- ¡Te odio, te odio!
Su ira fue en aumento al ver que estaba solo, que su madre y su hermana habían desaparecido y que, además, la montaña le decía con eco que le odiaba. Se levantó y con una fuerza que le salió del estómago bramó:
-       ¡Todo es una mierda!
Y al momento la montaña contestó impertérrita para desesperación de Pablo:
- ¡ Mierda, mierda!
Pablo empezó a llorar. Se sentía solo, como en muchos momentos.  Debido a la caída tenía rasguños en las manos y en las rodillas, así que se acercó al agua para limpiarse. En ese momento se oyó un ruido. Se asustó un poco, pero cuando vio que provenía de un pequeño pajarito de color rojizo se le acercó y le dijo:
- La montaña es como la vida, ella te devuelve lo que tú le das.
Pablo sabía que los pájaros no hablaban, así que no podía creerse lo que acababa de pasar. Pero el pájaro rojizo seguía allí, observándolo fijamente y el niño lo miraba  con la boca y los ojos abiertos como platos.
Entonces oyó de nuevo el eco de la montaña.  La montaña decía:
- ¡Te quiero, te quiero!
Pablo miró hacia la curva del camino. Su madre y su hermana estaban ahí gritando tan fuerte como `podían:
- ¡Te quiero, te quiero!
Y la montaña no se cansaba de repetir aquel mensaje. Se levantó y corrió como nunca había hecho antes, para ir a abrazar a su madre y a su hermana.
Hasta aquí la historia, reproducida con cierta libertad Y ahora la evidente moraleja. La montaña es como la escuela. Ella devuelve a los profesores lo que los profesores le dan. A quien dice cada día cada día amargura le devuelve su amargura. A quien dice cada día felicidad le devuelve repetidamente felicidad.
Por eso me parece tan importante preguntarnos por lo que llevamos cada día a la escuela. ¿Llevamos ilusión, optimismo, esfuerzo, esperanza, compromiso? Pues la escuela nos los devolverá multiplicados. ¿Llevamos desilusión, pesimismo, pereza, desesperanza y desinterés? Pues la escuela responderá como la montaña: multiplicando el eco de nuestras actitudes.
No depende tanto la felicidad de las circunstancias. Porque ya se ve que, con las mismas condiciones, las vivencias de los docentes son diametralmente opuestas. Diré más: las dificultades espolean a los buenos profesionales y hunden a los malos. Si en un país aparece una inesperada epidemia, los buenos médicos se sentirán invitados a trabajar más, a investigar, a esforzarse para superar la crisis. Los malos médicos dirán que ellos quieren trabajar solo con los sanos, que eso no lo estudiaron en la Facultad y que bastante hacen para lo que les pagan.
Se produce un fenómeno curioso: quienes más trabajan, quienes más concienzudamente se esfuerzan, quienes más se comprometen, suele piensan, dicen y hacen “pudiendo no hacer nada, ¿por qué vamos a hacer algo?”, suelen estar decepcionados y amargados.
¿Qué sucede cuando llega el momento de la jubilación. Algunos se vuelven hacia atrás y ven un reguero de dolor, una estela de frustraciones. Otros ven con nostalgia el recuerdo de muchos momentos felices.  Unos lamentan que llegue tan tarde la hora de abandonar el suplicio. Otros lamentan tener que dejar tan pronto una tarea llena de ilusión. Me emociona recibir, después de alguna conferencia o algún curso, la confidencia de algunos asistentes más que veteranos:
- Me jubilé hace dos años, pero mantengo la ilusión de  seguir aprendiendo.
En uno de los  libros titulados Vidas Maestras, que escribían los docentes en la anterior legislatura cántabra, a instancias de la Consejera socialista de Educación Rosa Eva Díaz Tezanos, una maestra que se jubilaba escribió: ¡Ojalá que los jóvenes maestros que empiezan lo hagan con la mitad de la ilusión con la que yo termino!”. Qué suerte ser así. Qué suerte para sus alumnos y alumnas tener una profesora así".



TEN PRESENTE: "LA MONTAÑA ES COMO LA ESCUELA. ELLA DEVUELVE A LOS PROFESORES LO QUE LOS PROFESORES LE DAN".

4 comentarios :

  1. Preciosa reflexión, me ha encantado que la compartas. Hay en ella pasajes para recordar a menudo: "los cuentos se explican para que los niños se duerman y los adultos despierten". Genial! Feliz semana.

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  2. Hola Joana! Yo también creo que es un bonito texto para leer con calma y revisar nuestras actitudes ante nuestra práctica educativa. Un saludo y feliz semana para tí también!

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  3. Natalia, me ha encantado la entrada. Un beso.

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  4. Hoy ha sido uno de esos días redondos en los que la palabra "compañeros", se queda corta.Hace falta mucho valor, para coger un micro y decirle a tu compañero-marido tantas cosas bonitas q tenías guardadas.Gracias por compartir, y a disfrutar. Mi montañita, muchas felicicades. Un beso

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